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Boda campestre

maría y carlos

Carlos y María se conocieron a través de amigos en común. Son una pareja divertida, sin complejos.

Según Carlos, María es una chica encantadora, simpática, divertida, inteligente y con carácter. Le encanta el cine y las series. Ambos comparten la afición a viajar y el deporte. María nos transmite de carlos que es una persona con mucho sentido del humor, decidido y valiente. Se gustan y en especial les encanta ser un gran equipo.

la boda en una finca particular

María y Carlos tenían claro el tipo de boda que querían. Les encantan las fiestas de día, tipo barbacoa. Es un plan frecuente que suelen realizar junto a sus amigos varias veces al año.

La abuela de Carlos tiene una finca cerca de Barcelona y ahí es donde decidieron realizar la gran fiesta. El entorno de la casa era campestre, por lo que les encajaba a la perfección el plan de casarse ahí.

Las primeras palabras de María cuando le preguntamos cómo quería enfocar su boda fueron: Haremos una fiesta en casa de la abuela de Carlos, mobiliario bonito, bombillas y flores. Una decoración sin recargar pero bonita.

el día de la boda

Aunque todos y cada uno de los momentos de la boda son especiales para cualquier pareja, en el caso de María y Carlos los preparativos estaban subrayados con fosforito. Querían que tanto nosotros como Fenix Visual (nuestro querido Javi) captáramos los momentos previos a la ceremonia. La familia directa cambiándose, el momento de la entrega del ramo entregado por las amigas de María y la previa con Carlos y sus amigos, eran recuerdos que querían tener.

El vestido de novia de María era de l’Arca, un atelier de Barcelona que realiza unos diseños de vestidos de novia espectaculares.

La ceremonia se realizó bajo el sol de Mayo en el Jardín de la misma finca. Fue algo muy íntimo y personal, tal y como lo habían imaginado María y Carlos. Una vez finalizada la ceremonia les dimos unos minutos de ventaja a los invitados para quedarnos a solas con ellos dos. El reportaje de pareja es un momento muy especial ya que mientras van hablando entre ellos reviven con los ojos del otro lo que acaba de suceder.

La comida fue tal y como nos habían descrito. Una especie de barbacoa entre amigos pero con mucho estilo. Las mesas imperiales estaban montadas en fila con una decoración exquisita a cargo del cátering l’Empordà. Era una boda de estilo campestre tal y como ellos querían.

Se iba poniendo el sol y se acercaba el momento del baile. Todos los invitados de la boda se fueron desplazando hacía la piscina. El colofón final al gran día de María y Carlos.

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